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DEMARCACIÓN DE CARRETERA_ REHABILITACION ANTIGUO INSTITUTO DE LA GRASA

Ubicación
Av. Padre García Tejero 4, Sevilla
Promotor
Ministerio de Transportes y Movilidad sostenible
Constructor
Dragados
Estado
Construido
Año
2025
Ecosostenible
Arquitectos
Isabel Rus Pezzi
José María Ramírez Izquierdo
Fotografía
Jesús Granada

LA REHABILITACIÓN Y PUESTA EN VALOR DEL “ANTIGUO INSTITUTO DE LA GRASA” 

El complejo sobre el que intervenimos para su recuperación supone un viaje en el tiempo y la historia de la ciudad. En tiempos de desconcierto formal, recuperar lo que forma parte del la memoria del ciudadano es un camino necesario.

El complejo del Antiguo Instituto de la Grasa, fue construido en 1947 siendo un testimonio fundamental de la arquitectura institucional de la modernidad en Sevilla. Se destinó a la investigación científica del sector olivarero, el conjunto es uno de los escasos ejemplos donde los rasgos formales de la administración de posguerra coexisten con valores arquitectónicos de gran vigencia: una depurada articulación volumétrica, una rica secuencia de ingreso y una materialidad ejecutada con rigor tectónico.

Tras un periodo de abandono desde 2017, en que el CSIC traslada el Centro de Investigación a la Universidad Pablo de Olavide, proyectamos por encargo del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, la recuperación del complejo para la Sede de la Demarcación de Carreteras del Estado, mediante una rehabilitación que respeta la protección integral del inmueble, sus fachadas, cubiertas, composición espacial y el vacío de la parcela.

El proyecto se desarrolla sobre un solar rectangular en esquina, cuya disposición condiciona la jerarquía de las piezas siendo su superficie total de 5.143,48 m²:

• Edificio Principal (E1): De geometría rectangular con dos alas extremas que conforman una planta en «I», se retranquea de la alineación para presidir la avenida Padre García Tejero. Su fachada se enriquece mediante voladizos por planta y una métrica de huecos rítmica y vertical.
• Edificios E2, E3 y E4: Piezas de menor escala que completan el perímetro y definen la esquina urbana. El E2 actúa como rótula de acceso, el E3 formaliza la fachada lateral y el E4 se sitúa en el interior de la parcela, manteniendo su carácter de volumen exento a doble altura.

La recuperación del conjunto se aborda desde el principio de Sinceridad Constructiva, actuando sobre unos de los primeros edificios de hormigón armado de la ciudad.

La rehabilitación se fundamenta en la lectura del edificio original como un sistema proyectado «desde la estructura». La secuencia de pórticos de hormigón armado de gran descuelgue, con luces de 3 metros y pilares centrales, constituye el ADN del edificio que en la apertura de los espacios nos disponemos a preservar.

Desnudamos interiormente las coberturas del esqueleto estructural, eliminando los antiguos muros técnicos de ladrillo que ocultaban los pilares centrales. Al hacer visibles las vigas de descuelgue y los pilares desde el semisótano hasta las vigas en ménsula del ático, se recupera una calidad espacial diáfana. El antiguo sistema de «empalomado» sobre forjado se sustituye por un suelo técnico, permitiendo una gestión flexible de las instalaciones contemporáneas sin comprometer la limpieza de los planos horizontales.

Los nuevos espacios interiores los tratamos con Transparencia y Conectividad frente a la rígida compartimentación estanca del edificio original, se proyectan unos espacios de trabajo administrativos de manera abierta y conectada. El eje de circulación central se define mediante particiones transparentes que permiten la entrada de luz natural desde ambas fachadas, garantizando el bienestar del trabajador y una lectura continua del espacio.

El nuevo núcleo de comunicación vertical que refuerza la seguridad en caso de incendios, introduce en la formal y rígida masividad del ladrillo el cromatismo de la seguridad vial contribuyendo a aportarle ligereza.

La intervención no solo recupera un hito del patrimonio industrial y administrativo sevillano, sino que lo transforma en un contenedor flexible y eficiente. La arquitectura actúa aquí como un puente entre el oficio constructivo de los años 50 y las exigencias de sostenibilidad y conectividad del siglo XXI, demostrando que la mejor forma de proteger el patrimonio es dotarlo de una vida útil, moderna y funcional.